Leyenda corta de La Monja Condenada

Arequipa es la capital y mayor ciudad del Departamento de Arequipa. Es la segunda ciudad más poblada del Perú, mismo lugar que ocupa en cuanto a su actividad industrial, dentro de la cual destacan los productos manufacturados y la producción textil de lana de camélidos. Sus construcciones se basan en sillar blanco, por eso el lugar también es conocido como “Ciudad Blanca”, y ubicada en esta región, específicamente en la calle San Antonio, hay una casa muy antigua, que hoy se ha convertido el colegio, albergando a decenas de alumnos.

Desde los inicios del plantel escolar, hubo una situación particular, y es que estaba terminantemente prohibido entrar a una habitación, ni siquiera se permitía husmear en ella, hecho que solamente despertaba la curiosidad de los estudiantes, orillándolos a cometer toda clase de imprudencias en su búsqueda de la verdad, pero afortunadamente, se controlaba bastante bien este aspecto, y el cuarto continuaba guardando su secreto.

Al cabo de cuatro generaciones, un evento poco usual desvió la atención de los alumnos, dejaron de ponerle atención a la alcoba prohíba, cuando tuvieron que preocuparse por una aparición, un fantasma traslucido que se paseaba por el plantel, con suma confianza. Los desafortunados que se toparon con este espíritu, lo describieron como una monja, no tenían la menor duda de ello, llevaba su hábito negro, la cabeza cubierta, y flotaba a unos cuantos centímetros del suelo.

La primera reacción de los desafortunados que se cruzaban en su camino, era correr, sin embargo, no falta aquel con una pizca más de valentía que el resto, un atrevido o tal vez inconsciente, que, en lugar de huir, fue tras el alma en pena, solo para descubrir que esta se desvanecía justo al cruzar la puerta del cuarto censurado.

La noticia se corrió como pólvora, los estudiantes tramaron un plan, se las arreglaron para entrar a la habitación, donde encontraron una escena terrible, la habitación era muy humilde, solo una rustica mesa, una maltrecha silla y una cama, una cama con un bulto encima.

Los mirones se acercaron, con completo cuidado, hasta que la imagen ante ellos quedó clara, era una mujer la que estaba tendida ahí, la cual, hacia caso omiso de sus llamados, así que tuvieron que acercarse más y tocarle el hombro, provocando una imagen tan aterradora que hasta el día de hoy ninguno de ellos ha podido olvidar. Con tan solo un roce, el cuerpo de la mujer desprendió un ligero polvo, y en segundo, después de un crujido, la cabeza se le desprendió, rodando por el suelo, y se detuvo hasta topar con los pies de los curiosos.

El estado de shock se extendió por varios días, cuando fue prudente, no tuvieron más remedio que explicarles, aquel cuarto estaba prohibido por respeto a la última voluntad de una monja, ella quiso permanecer en su habitación, la misma que fue su hogar cuando el lugar era un convento. Así que devolvieron su cuerpo a la habitación, y la censuraron de nuevo.

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